LOS SALVADORES Y LOS DORMIDOS: EL PACTO DE OLVIDO ENTRE KARINA FABI Y RAÚL LABORDA EN LA SOMBRA DE UNA ESTAFA
En la política de San Luis, la moralidad pública dura exactamente lo que tarda en negociarse un armado electoral. Karina Fabi, la autoproclamada experta en finanzas que ocultó bajo su cama a un prófugo de la Justicia por estafas piramidales, y Raúl Laborda, el dirigente que hasta ayer advertía sobre el peligro de entregarle el Estado a una “estafadora”, han decidido que el prontuario es apenas un detalle menor. Hoy se fotografían juntos, intercambian elogios en redes sociales y hablan de “corazones unidos”. En el medio queda un silencio espeso y una subestimación feroz hacia el electorado.
El hecho central no resiste adornos: en mayo de 2024, la Policía Federal Argentina sacó a rastras de la vivienda de Fabi a su pareja, Yago Nahuel Escobar. Llevaba siete meses prófugo, acusado de integrar “Money Shelter”, un esquema Ponzi que dejó un tendal de damnificados a base de falsas promesas en dólares. Fabi, que se promociona como la cara de la “nueva política” y aspirante a la gobernación en 2027, nunca ofreció una explicación transparente sobre el tema. Su única estrategia, hasta ahora, ha sido la intimidación. Cuando Laborda se atrevió a recordar este pasado en su programa de radio, la respuesta de la candidata fue la amenaza directa de un “bozal legal”.
Fue en ese contexto de fuego cruzado donde Laborda desnudó el verdadero pensamiento de Fabi sobre sus potenciales votantes. Según reveló el exdiputado, la trader le confesó por privado que “los puntanos eran una manga de dormidos y que ella venía a salvarlos”. Laborda, indignado, alertó a su audiencia sobre el riesgo de poner el presupuesto provincial en manos de alguien vinculado a fraudes, afirmando que San Luis no podía tolerar a quien se creía “más viva” que el resto de los ciudadanos.
Pero la indignación resultó ser tan elástica como las convicciones. Semanas después de cruzarse amenazas judiciales, los presuntos enemigos posan sonrientes. Los agravios se transformaron repentinamente en posteos sobre “la capacidad de llegar a acuerdos” y “la grandeza de saber escuchar”.

En esta coreografía de conveniencias, las cuentas son claras. Gana el pragmatismo cínico de un sector opositor dispuesto a reciclar a cualquiera con tal de sumar nombres a una boleta. Pierden los ciudadanos, a quienes se les exige el voto bajo la bandera de erradicar a la casta, mientras les ofrecen figuras con demasiadas sombras en los tribunales. Y callan —con un mutismo ensordecedor— los demás referentes del espacio libertario provincial, demostrando que la intolerancia contra la corrupción solo aplica cuando el corrupto milita en el partido de enfrente.
El viraje es tan brusco que obliga a formular preguntas incómodas. ¿Qué motivó a Laborda a olvidar sus propias advertencias sobre el cuidado de las arcas públicas? ¿Es la candidatura de Karina Fabi una verdadera vocación de servicio, o es una carrera desesperada por obtener los fueros constitucionales que la blinden ante cualquier coletazo judicial de la causa Money Shelter? ¿Qué se negoció realmente en esa cumbre para que el bozal legal se convierta en una alianza en las sombras?
La política provincial parece haber naturalizado que el fin justifica los medios, incluso si esos medios huelen a estafa. Los “salvadores” ya están armando sus estructuras, apostando al olvido y a la impunidad del tiempo. Quizás, en el fondo, Karina Fabi y Raúl Laborda compartan el mismo diagnóstico: creen fervientemente que los puntanos siguen siendo una manga de dormidos. Falta ver si en 2027, al entrar al cuarto oscuro, la sociedad decide darles la razón o, por el contrario, demuestra que finalmente ha despertado.



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