18 AÑOS DE VOCACIÓN EN EL INTERIOR PUNTANO: LA HISTORIA DE ROSENDO AMAYA, EL MAESTRO RURAL QUE RECORRE 150 KILÓMETROS DIARIOS

11 de septiembre de 2026 · 6 horas ago
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18 AÑOS DE VOCACIÓN EN EL INTERIOR PUNTANO: LA HISTORIA DE ROSENDO AMAYA, EL MAESTRO RURAL QUE RECORRE 150 KILÓMETROS DIARIOS ENTRE EL BARRO, EL FOLCLORE Y 150 KILÓMETROS DIARIOS: LA HISTORIA DE ROSENDO AMAYA, EL MAESTRO QUE HACE…

ENTRE EL BARRO, EL FOLCLORE Y 150 KILÓMETROS DIARIOS: LA HISTORIA DE ROSENDO AMAYA, EL MAESTRO QUE HACE PATRIA EN LAS ESCUELAS RURALES DE SAN LUIS

CON 18 AÑOS DE TRAYECTORIA Y TRAS SUPERAR UNA GRAVE ENFERMEDAD, RECORRE CADA DÍA LAS SIERRAS PARA ENSEÑAR EN LA TOTORA. ADAPTA LA MATEMÁTICA AL ALAMBRE Y AL GANADO, Y REIVINDICA LA EDUCACIÓN COMO LA ÚNICA VÍA DE TRANSFORMACIÓN SOCIAL.

 Foto: gentileza Rosendo Amaya para El Diario de La Republica

El sonido de los pájaros al amanecer, el aroma a pan casero, el barro pegado a las ruedas tras la lluvia y el galope distante de un caballo marcan el inicio de la jornada para Rosendo Amaya. A sus 43 años, este docente oriundo de La Toma acumula casi dos décadas recorriendo la geografía más agreste del interior puntano. Hoy, al frente de la Escuela N° 283 «Marcos Sastre» en el paraje La Totora, su rutina implica transitar 150 kilómetros diarios —75 de ida y 75 de vuelta— para encontrarse con un grupo de alumnos que no faltan jamás, a pesar de las inclemencias del tiempo y de las distancias.

HERENCIA FAMILIAR Y LA ELECCIÓN POR LA RURALIDAD

La vocación de Amaya no fue un hecho casual, sino el reflejo de un entorno donde la enseñanza marcaba el pulso cotidiano:

  • Raíces docentes: Hijo de una educadora rural y hermano de un maestro y una profesora, creció viendo el compromiso de su madre con las escuelas del interior.
  • El paso por la Psicología: Aunque comenzó estudiando la carrera de Psicología durante tres años en su juventud, el aula terminó imponiéndose. Descubrió su vocación definitiva en el magisterio y volcó las herramientas analíticas de sus primeros estudios al trabajo pedagógico.
  • Huella en el interior: Su recorrido abarca escuelas de parajes complejos como Mesilla del Cura —famoso por su calendario escolar adaptado—, Tala Verde en las cercanías de Las Aguadas, y Tilisarao, hasta afincarse en la zona alta de La Totora.

LA PRUEBA DE RESILIENCIA Y LA PEDAGOGÍA DEL MONTE

A lo largo de su carrera, una prueba de salud redefinió su perspectiva vital. Mientras daba clases en Tilisarao, debió afrontar dos años de tratamiento de quimioterapia para superar una grave enfermedad. Aquella batalla transformó su escala de prioridades: aprendió a desacelerar el ritmo, a valorar la pausa y a reencontrar en la tranquilidad del campo un refugio de sanación y enseñanza.

De regreso en la ruralidad, Amaya adaptó la práctica escolar bajo el sistema de plurigrado, conectando los contenidos formales con la realidad de los chicos de la sierra:

  • Matemática aplicada: Reemplazó los problemas abstractos por cálculos vinculados a la vida rural, enseñando a medir metros de alambre para cercar, contar cabezas de hacienda o calcular distancias en kilómetros.
  • Integración cultural: Sumó la guitarra y la música popular a las clases, incentivando a sus alumnos a desarrollar habilidades como payadores, bailarines y cantantes de folclore.
  • Lazo comunitario: Destaca el profundo respeto de las familias del paraje, manifestado en gestos tradicionales como regalar yuyos aromáticos cosechados para el mate, berro fresco o huevos de campo.

MEMORIA, MEMORIA PATRIA Y CONVICCIÓN IRRENUNCIABLE

 Foto: gentileza Rosendo Amaya para El Diario de La Republica

Entre los recuerdos que atesora con más emoción figura el Censo de 2010, cuando un pequeño alumno llamado Ángel lo acompañó a caballo durante horas por puestos aislados para censar a los vecinos de la zona. Años más tarde, se reencontró con él durante un desfile gaucho, vistiendo el uniforme de la Policía provincial, un momento que lo conmovió hasta las lágrimas.

«Hay tantas pequeñas grandes patrias en cada escuela rural. Los chicos hacen un esfuerzo enorme, caminan horas o viajan en transporte y nunca faltan. Ante semejante compromiso, uno como maestro solo puede responder estando temprano y dando todo. No encuentro otro camino que no sea la educación; la transformación social de un país solo es posible dentro del aula», concluye Amaya.

Mas info en eldiariodelarepublica.com

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